Nota de Clarín a Juan Carlos Corazza en el SAT1 2017

El talento es innato pero hay personas que tienen la capacidad de descubrirlo en otras personas y hacerlo brillar. Ese podría ser el don de Juan Carlos Corazza, director y maestro de actores argentino que vive en España hace casi tres décadas. Corazza fue maestro, en otros, de Javier Bardem, ganador de un Oscar y figura del cine internacional.

De paso por Buenos Aires para dar un curso (en la Asociación Argentina Programa SAT), habló de lo que implica su profesión y de algunos de sus discípulos más ilustres, además de Bardem, Juana Acosta (Velvet), Manuela Velasco (Rec), Elena Anaya (La piel que habito), Javier Godino (El secreto de sus ojos), entre otros. O Angela Molina que cursa, cada tanto, un seminario con él.

-¿Qué es lo más importante que debe tener un maestro de actuación?

-Aprender a escuchar y a ver con inteligencia, criterio y amor. Chéjov dice: en una obra de teatro no puede faltar el amor. Creo que en un maestro, director, actriz o actor tampoco. Amor y una verdadera vocación para aprender de si mismo, de sus alumnos, de la vida y del arte. Hay una transmisión más allá de lo que se enseña, que proviene del vínculo con mis alumnos, y lo mismo me ocurre con los actores cuando dirijo. Siempre es una oportunidad para conocernos mejor a nosotros mismos, para ser mejores personas y más felices. “Conócete a ti mismo, cueste lo que cueste” dice el Edipo de Sófocles.

-Con actores como Javier Bardem, de indiscutido talento, ¿cómo es el vínculo entre maestro y discípulo?

-Disfrutar de los procesos de investigación y de la belleza del arte para mí siempre es un placer. Cuando, además hay cercanía y mutua transparencia es una gran felicidad.Así suele ser con actores como Javier, y que como él siguen dedicándose a investigar en su oficio más allá de un resultado, de la suerte o del éxito que tiene. Descubrir juntos la música y los misterios de textos y personajes es una pasión que nos une y nos divierte mucho

 

Maestro de actores Juan Carlos Corazza, dirigiendo a Bardem.foto Oliver Roma

Corazza se formó en la Argentina con maestros como Carlos Gandolfo. En 1990 llegó a Madrid e instaló su propia escuela. Enseguida llegaron alumnos que, como Bardem, se convirtieron en figuras internacionales. Bardem por entonces, era un aspirante, hijo de una actriz conocida, Pilar Bardem. Luego de un tiempo cursando con Corazza, llegaron las películas y el éxito. El lazo entre ambos continúa hasta hoy.

-Con todos los años de trayectoria en España, ¿cuál es esa característica de los artistas argentinos que parece innata y que es tan apreciada en ese país?

-Desde hace algunos años, España valora especialmente la naturalidad, sencillez y libertad de los artistas argentinos. Se admira su creatividad con escasos medios, el sentido del humor, la inteligencia y la no pretensión de algunas producciones. Pienso que España se abrió progresivamente a esto, y no sin prejuicios, como suele ocurrirnos frente a lo diferente. Me parece que el teatro independiente argentino continúa dando sus frutos varias décadas después. La generación encabezada por Hedy Crilla, Agustín Alezzo, Augusto Fernandes, Alejandra Boero, Carlos Gandolfo, mi principal maestro, y muchos directores, actrices y actores notables, renovó el teatro y ayudó a su evolución. Ahora, y gracias a que nuevas generaciones tomaron lo mejor de esa herencia y aportaron su propio talento, Argentina es considerada cuna de buenas actrices y actores. Estoy convencido que hemos tenido buenos padres o abuelos artísticos. Reconocer y honrar lo que hemos recibido nos ayuda a progresar y a desarrollar nuestro propio camino, aunque a veces nos auto-engañamos y creemos haber inventado el tomate.

-¿Qué tiene que tener alguien que pretende convertirse en actor o actriz?

-Si tiene una gran necesidad de expresarse a través de la actuación, de quitarse de en medio para convertirse en el personaje. Una fuerza irracional que le empuja a querer dominar bien su oficio para transformase en personajes diferentes. Me alegra ver cuando su sentido de responsabilidad social crece, cuando se hace más fuerte en su lucha para que la ambición profesional no devore al artista que lleva dentro. Es emocionante y gratificante ver la fe de un actor cuando le ofrece al público lo mejor de si mismo, ya no solo para su lucimiento o éxtasis, sino por una desinteresada vocación de dar algo que haga bien a los demás.

-La relación entre el teatro, el cine y la televisión entre Argentina y España es cada vez más estrecha y fluida, ¿qué es lo mejor de ese intercambio artístico?

-El encuentro de diferentes culturas, experiencias, visiones y medios es un gran alimento para la creación y la producción. Cuando esto se produce sin el deseo de aprovecharse del otro para sacar la mejor tajada, y cuando hay transparencia y respeto en la colaboración, entonces es cuando puede haber un futuro bueno. Queda mucho por hacer, y muchos por encontrarse.

-¿Cualquiera puede aprender a actuar o podría convertirse en un gran actor o actriz?

-Cuando imparto teatro dentro del SAT, el programa de desarrollo personal creado por Claudio Naranjo, veo a gente que nunca ha actuado, y que no se dedicará al teatro pero que logran momentos de impacto artístico y personal. El teatro es una herramienta muy poderosa para la transformación personal y social. Creo que nadie debería perderse la experiencia de actuar. Pero no cualquiera puede abarcar todo lo que implica actuar, y mucho menos desarrollar una carrera profesional. Una actriz o actor nace, lo sepa antes o después, con mayor o menor potencial y va aprendiendo a utilizarlo. Siempre aprende: mejores o peores cosas, por su cuenta o con alguien. Pero la suerte, y lo que haga con ella, será un factor decisivo en su camino. Y creo que siempre hay algo importante y misterioso por descubrir detrás de la suerte que nos toca.

Fuente: https://www.clarin.com/espectaculos/teatro/maestro-argentino-javier-bardem_0_r1rVplno-.html 

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